martes, 11 de septiembre de 2012

pueblos prehispánicos de Chile


Los Alacalufes.
Banda caonera que deambulaban por mares del extremo sur del país. Los alacalufes navegaban entre el golfo de penas hasta la península del Taitao, y Tierra del fuego. Debido a las actividades de pesca y recolección de mariscos, estos pueblos recorrían incesantemente los canales y senos; buscando los lugares que podrían ofrecerles algún resguardo y abundancia de alimentos.
A pesar del frío, el viento y la nieve, los canoeros apenas cubrían su espalda a la cintura con un trozo de cuero de lobo marino o pieles de guanacos y en ocasiones dormían a la interperie, sobre la nieve, apretados unos con otros a manera de ovillos.
Para la pesca usaban arpones de distintos tipos las mujeres portaban cestas se sumergían en las aguas y caminaban por los roquerios extrayendo mariscos y algas. Los chonos usaban arpones de madera y cuchillos de huesos de ballena



 pueblo Mapuche.
Al entrar en contacto españoles y araucanos, estos últimos estaban asentados en la región comprendida entre el Biobío y el Cautín. Pero habían entrado en relaciones y tal vez cruzándose con la población chilena primitiva hasta el Itata por el norte y hasta Tolten por el sur.
Sobre su descripción física podemos decir que su estatura era baja (1,61 a 1,63 metros para el hombre y 1,43 a 1,44 metros para la mujer); el tronco muy bien desarrollado, es de pecho alto y arqueado y más largo que el del blanco con relación con relación a su altura. Los senos de la mujer son cónicos, bastante apartados y se proyectan hacia afuera más que en la europea. La cabeza parece grande a causa de llevar el pelo en forma de melena hasta los hombros pero en verdad es pequeña, la cara es generalmente redonda, la boca es grande, los labios gruesos y el superior muy largo, el cutis es moreno y el pelo oscuro. El aspecto general del Araucano se singulariza entre todas las razas americanas por una impresión de robustez y de virilidad, que sirven de marco a la sicología más viril y a la de mayor energía vital entre las razas del continente americano.





Los Atacameños.
La región de atacama está marcada por el desierto. Este penetra hacia el interior hasta aproximadamente los 2.600 metros, interrumpido solo por el Loa, único río que logra cruzar esas tierras llegando hasta el mar. Un poco más al sur se encuentra el gran salar de Atacama, la puerta del desierto árido del mundo.
En este territorio convivían varios grupos. En la costa, los camanchacas o proanches (llamados más tarde changos) se dedicaban fundamentalmente a la pesca. Algunos documentos indican que los grupos de pescadores, ubicados en Cobija, cerro Moreno y otras pequeñas caletas, estaban subordinados de alguna manera a los dirigentes étnicos de Atacama.
Hacía el interior, a las orillas del río Loa y en los oasis ubicados al pie de la cordillera, habitaban grupos de agricultores y pastores que pertenecerían a otro grupo étnico, los Atacameños. Vivía también en estas tierras Lípes del altiplano y grupos originarios del de Tarapacá.
Las poblaciones de pescadores hablaban un idioma propio, muy áspero entendido solamente por ellos. Los atacameños en tanto hablaban una lengua propia que parece ser el cunza. Es posible que el nombre de “atacama” sea una denominación impuestas por otros grupos (probablemente los cuzqueños), por lo que hay investigadores que prefieren llamarlos “Likan Antai”.


Los Aymaras.
En el valle de Camarones, algunos kilómetros al sur de Arica, se interrumpe la cadena de valles que atraviesan el desierto, uniendo las tierras altas del altiplano con la costa. Destacan entre ellos los valles de Lluta, Azapa y Codpa, que se caracterizan por poseer cursos de agua más o menos permanentes, presentando distintos microclimas en la gradiente altitudinal.
Así, un ocupante de esos territorios podía tener rebaños de llamas y alpacas pastando en el altiplano sobre los 4.000 metros; sembrar quinua en terrenos entre los 4.000 y 3.500metros; maíz, habas, papas y otras especies en tierras ubicadas entre los 2.500 y los 3.000 metros; algodón y ají en las tierras más bajas y, por último, tener acceso a los recursos marinos en la costa, todo ello sin salir de un mismo valle.
Esto originó que, desde muy temprano, los grupos aymaras que habitaban en el altiplano -mucho más escasos en recursos- empezaran a ocupar y a explotar estos espacios. Así, sabemos que en el siglo XVI, en Arica, había grupos de colonos (mitmaj) lupacas, carangas, y pacajes, todos ellos pertenecientes a grandes señoríos aymaras ( de la actual Bolivia).


Los Changos.
En la costa norte desde el Loa hasta el Aconcagua, prosperó un grupo de pescadores llamados Changos por los españoles. Eran anchos de espalda, con una estatura media que oscilaba alrededor de 1,60 metros en los hombres y 1,45 metros en las mujeres. Dormían en toldos de cuero de lobo, sostenidos por troncos de quiscos o costillas de ballenas y fabricaban embarcaciones con cuero de lobo marino inflados.
Para confeccionar una de estas embarcaciones se requerían los cueros de cuatro lobos marinos machos. Se le ponía en agua dulce para ablandarlos, luego los cortaban y cosían con intestinos de los propios animales, en forma de bolsones: en una punta se introducía un tubo de caña por el cual se soplaba para inflar el bolsón. Una vez lleno de aire se retiraba: el agujero se cosía, y las costuras eran cubiertas con mezclas de aceite y grasa de lobos de mar, quedando así selladas e impermeabilizadas.


Los Chiquillanes.
Grupo étnico Sur-Andino que habitaba y circulaba en la banda occidental y oriental de la cordillera de los andes. Según uno de los mapas más antiguos del continente, se les ubica entre los 34° y 35° de latitud Sur (fuente mapa de América, Juan de la Cruz Cano y Olmedilla).
Entre los cronista existe acuerdo en describirlos como un grupo de cazadores-recolectores andinos de elemental desarrollo cultural y poca densidad de población; Alimentándose de raíces silvestres, de la caza del guanaco y especies menores, albergándose en toldos de cuero. Se cubren de piel para resistir el clima del medio ambiente, adornándose con pinturas faciales.


Los Chonos.
Banda caonera, deambulaban por los mares extremos de sur del país. Los chonos navegaban principalmente por el Golfo de Penas y la península de Taitao.
Debido a las actividades de pesca y recolección de mariscos, estos pueblos recorrían incesantemente los canales y senos; buscando los lugares que podrían ofrecerles algún resguardo y abundancia de alimentos.
A pesar del frío, el viento y la nieve, los canoeros apenas cubrían su espalda a la cintura con un trozo de cuero de lobo marino o pieles de guanacos y en ocasiones dormían a la intemperie, sobre la nieve, apretados unos con otros a manera de ovillos.
Para la pesca usaban arpones de distintos tipos las mujeres portaban cestas se sumergían en las aguas y caminaban por los roquerios extrayendo mariscos y algas. Los chonos usaban arpones de madera y cuchillos de huesos de ballena.

Los Cuncos.
Grupo indígena araucano meridional comprendido entre los huilliches. Originalmente pobló la región continental entre el río Bueno y el canal de Chacao. A fines del siglo XV, aproximadamente, se extendió hasta el archipiélago de Chiloé, desalojando a sus primitivos habitantes mas al sur y defendiéndose con los que allí permanecieron. El mestizaje de cuncos con aborígenes, los chonos, dio origen a los chilotes históricos. Los cuncos llevaron a la isla grande de Chiloé el cultivo de la papa, el maíz y la quínoa. Aprovechaban la piel de las llamas -de las que tenían pequeños rebaños- para hilar y tejer sus vestimentas. Navegaban entre las islas en canoas de tres tablas cocidas y pescaban atrapando peces en corrales de piedra o de ramas aprovechando la bajamar. En tierra usaban la estólica para cazar. Habitaban en casas de madera sin labrar, o bien, de grandes ramajes. Durante el siglo XVII empezó la declinación de cuncos y chilotes, quienes eran vendidos como esclavos en el continente.
Los Diaguitas.
Con este nombre se ha referido algunos estudiosos a las distintas poblaciones que ocupaban la región de los valles transversales, los de Copiapó al sur. El primero en darles este nombre fue el arqueólogo Ricardo Latcham, basándose en datos de fines del siglo XVI y XVII, que mencionaban a indio diaguitas en coquimbo, así como supuestas similitudes entre estos los diaguitas transandinos. Mucho se ha discutido acerca de si es o no correcto darles esta denominación. Por ahora, lo único que avala son referencias documentales de inicios de la colonia y datos toponímicos de la región de coquimbo.
No esta claro cuales de los grupos indígenas entre Copiapó y Limari eran realmente diaguitas. Según el cronista Bibar, en cada uno de estos valles se hablaban lenguas distintas. Pero pareciera haber compartido ciertos principios de organización social, como el sistema de jefaturas duales, común a todos ellos. Al parecer, la ocupación principal de los diaguitas fue la agricultura y la ganadería que complementaban con la caza, la recolección de frutos y la pesca. En la mayoría de los valles la escasez de lluvias los había hecho desarrollar sistemas de regadío artificial.
Uno de los problemas que dificulta su estudio, además de la poca documentación conocida hasta ahora, es el impacto de la presencia inca que a la llegada de los españoles, habría afectado fuertemente las formas de vida propias de esta población.
Los Huilliches.
Desde la segunda mitad del siglo XVIII, se mantuvieron leales a los españoles en los alzamientos de las fronteras.
Las zonas nucleares de la resistencia indígena experimentaron cambios para adaptarse a la nueva situación creada por sus peligrosos vecinos.
Los nuevos elementos humanos que incorporaban a su sociedad cautivos, desertores, mestizos, estuvieron sometidos a una fuerte presión social para su rápida asimilación (cambios de nombres, vestimenta indígena y aislamiento).
Aprendieron de los blancos a portar armas e instrumentos de hierro, elaborar adornos de plata, y confeccionar con este valioso metal, espuelas, frenos, estribos para los caballos de los caciques y hombres ricos.
Introdujeron las semillas europeas en sus tierras. Cultivaban especialmente trigo y cebada, a causa de la guerra de frontera del siglo XVII. Estos cereales maduraban mas temprano que el maíz. Podían recoger y ocultar sus cosechas antes que los españoles al emprender las malocas, las destruyesen.

Los Molles.
Algunas centurias atrás las comunidades del desierto cultivaban el maíz, cuidaban ganado y mantenían contacto con poblaciones del desierto de Atacama. Fue entonces cuando comenzaron a abandonar su dependencia de la caza y recolección que predominaba en el periodo anterior.
Sus asentamientos se distribuían siguiendo los valles, los interfluvios y el litoral. Desde el río Copiapó hasta el río choapa, los numerosos sitios arqueológicos sugieren la presencia de grupos humanos de gran movilidad. Los rebaños debían ser trasladados desde los valles bajos hasta la cordillera para percibir de pastos estaciónales.
Los molles fueron también los primeros ceramistas en la historia de la región. Las sepulturas se reconocían en la superficie por un ruedo de piedras, y bajo estas señalizaciones se encontraban los restos del difunto junto a cerámica y otros tantos objetos.





Los Onas.
Constituían el pueblo más austral entre los cazadores, localizándose en la isla grande de tierra del fuego. Aparentemente formaban distintos tipos de cultura y en lo lingüístico, denominados Haush-Selk Nam; según sus creencias existía un creador que llamaban Temaukel y que identificaron con la naturaleza y el universo, creían en la inmortalidad del alma y dentro de la comunidad existía brujas y curanderos muy estimulados. Su organización social consistía en pequeñas bandas cazadoras-recolectoras, en que predominaba la monogamia.
Cazaban guanacos y zorros a demás de dedicarse a la pesca y recolección de vegetales: eventualmente mariscaban y cazaban aves.
Vivieron en toldos de base circular y flechas puntiagudas, de madera y cueros.
Aparentemente no conocieron la alfarería. Practicaban entierros funerarios envolviendo a los muertos en pieles. Fabricaron arcos y flechas, balsas de cuero y canasta de fibra vegeta, entre otros.


Los Pascuenses
En el momento del descubrimiento de la isla, la población pascuences se divide en una decena de clanes distintos, sobre los que gobierna un rey. El primero de ellos habría sido un cierto Hotu Matua, quien llega con su mujer y sus compañeros desde otro atolon polinesico, como refugiados de una guerra. En el año 1950, el navegante noruego Thor Heyerdahl aventuro que los primeros habitantes de esta tierra fueron descendientes de los peruanos (hombres llamados orejas largas") y que una segunda ola de inmigración llegó a la Polinesia justo antes del descubrimiento de la isla. Pero esta tesis no tiene mucho respaldo hoy en día, a pesar del éxito de la expedición de la Kon-Tiki en 1947, una balsa en la que realizó la travesía entre el Perú y la Polinesia, con el propósito de demostrar el origen amerindio de las poblaciones oceánicas. La única certeza, en lo que concierne a los pascuenses, parece ser su parentesco con los polinesios.
Una treintena de soberanos sucedieron a Hotu Matua hasta 1862. Un segundo rey, o jefe militar, es elegido también todos los años, después de una ceremonia consagrada al culto de un Hombre-Pájaro, y que tiene lugar cada primavera. Esta consiste en una competencia donde cada hombre debe encontrar, antes que los demás, el primer huevo que ponen los estermas, golondrinas de mar, sobre el islote vecino de Moto Nui. El vencedor (cada concursante es representado por su servidor) toma entonces el nombre de Tangata Manu y encarna sobre la tierra al dios Maké Maké, creador del Universo.


Los Pehuenches.
La palabra pehuenche, en idioma mapuche (mapudungu), significa gente del pehuén, y designa a grupos indígenas pre-cordilleranos que vivían de la recolección de los piñones, desde Chillan hasta Arauco, aproximadamente. De vida nómade, complementaban su dieta con la caza y recolección andina, en el Sur de Chile. Habitaban toldos de cuero. Incorporaron el caballo traído por los españoles convirtiéndose en hábiles jinetes y guerreros, le sirve también para transportar enseres y toldo, además de cumplir funciones comerciales entre ambos lados de la cordillera.
En la actualidad muchas familias indígenas sostienen un modo de vida similar a los pehuenches, basada en la recolección de piñones, el fruto del pehuén o araucaria.
Su contextura física era muscular y fuerte; la cara ancha cuadrada, con la mandíbula inferior dura y enérgica y los ojos hundidos.
Los Picunches.
Agricultura:
El cultivo de la tierra, especialmente el maíz, constituía la base de la alimentación en el valle del mapocho. Bilbar narra detalladamente las primitivas técnicas agrícolas utilizadas por los indígenas :
“ ... y con cada indio anda un muchacho con una talega de frísoles echando en los hoyos tres o cuatro granos. Cubriendo estos se cría sin arar ni cabar sino en los herbazales y montes y tierra delgada y guijarrales. Cada quince días o veinte los riegan y al coger dan de una fanega a mas de veinte y cinco ... El maíz cuando lo siembran en octubre, que es como abril en España, siémbrase en tierra enjuta algunos y otros en regada de cinco o seis días cavando la tierra con esas estacas, y otros echando el maíz en los hoyos que serán tres o cuatro granos. Cuando nace guárdanlo, que las aves no lo coman, y después que está nacido de dos o tres hojas está el campo y hierva seca, que hay mucha y muy alta. Echanle fuego y hácese ceniza y aunque mala, mas parte de las hojas del maíz. Luego lo riegan ; sale furioso y acude sesenta y ochenta fanegas ; da una fanega de cincuenta hasta ciento; desde mejor en monte ”
Góngora Marmolejo señala la abundancia de maizales en el valle de Cachapoal .
Los Poyas.
Nombre que se designa al grupo mas austral de cazadores -recolectores cordilleranos. De vida nómada, a veces suelen llegar a las orillas del pacifico, en lo que hoy es la XI región. Es una sociedad simple, organizada en bandas y familias nucleares y cuyo modo de vida dependen de la caza y recolección en el ámbito subandino meridional. Grupo étnico con escaso número de población, lo que explica que halla desaparecido rápidamente.

Los Puelches.
Comparten género de vida cazador y recolector como los pehuenches. Ocupan la región entre Valdivia y Osorno. Aprovechando los numerosos pasos cordilleranos, tienen estrecho vínculos con cazadores pampéanos y al parecer, el mismo origen cultural. La denominación étnica misma así lo sugiere. En idioma mapuche, puelche significa gente del Este.
Para cazar animales de mayor envergadura utilizan boleadoras y lazos, tecnologías de cazas tradicionales en el ámbito pampeano. Suelen recorrer grandes distancias en las pampas y en espacios andinos, aprovechando la movilidad que les da el manejo del caballo. Como armas ofensivas disponían de arcos y flechas, lanzas y hondas.
La estructura social y básica es la familia, agrupadas en bandas funcional a su vida nómade.
Escasa densidad de población: cada parcialidad o grupo no sobrepasa los 20 o 30 indígenas, completando su dieta de frutos silvestres con el consumo de carnes de guanaco.



Los Tehuelches.
Vivian en las estepas de coirón al norte del estrecho de Magallanes, fueron denominados patagones por los primeros europeos que atravesaron dicha region.
Llevaban un modo de vida semejante al de los onas aunque a la caza del guanaco agregaron la de la avestruz o ñandú capturando por medio de boleadoras arrojadas a sus patas.
Culturalmente pertenecen a la tradición pampeana argentina.



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